CULTURA PROFESIONAL

 

 CULTURA

La palabra Cultura proviene del latín y significa cultivo de la tierra, posteriormente se le caracterizó como el cultivo de las especies humanas. A partir del Siglo XVIII, en la época del romanticismo, se clasificó la civilización y la cultura de manera independiente. La civilización refería a las cuestiones del desarrollo económico y a la tecnología; en tanto que para hablar de cultura se hacía referencia a la espiritualidad, es decir, al cultivo de las facultades intelectuales.



Algunos autores comparan la cultura con cantidad, a mayor cantidad de conocimiento mayor cultura se tiene. Pero hay que tener en claro un aspecto, la cultura no se mide, no se pesa, es algo que se aprehende, se interioriza y se lleva a la práctica no de manera reactiva, impulsiva; es algo que te define como persona, como profesionista.


¿QUE ES LA CULTURA PROFESIONAL?

Se concibe a la cultura profesional como "el conjunto de prácticas, creencias, ideas, expectativas, rituales, valores, motivaciones y costumbres que definen la profesión en un contexto y en un tiempo dado". Existen ciertos elementos primordiales que condicionan la configuración y desarrollo de la cultura profesional de los docentes: la concepción que se tiene de su función, las condiciones sociales en que se mueve, la formación con la que cuenta para el desarrollo de la función y el contexto organizativo en que se desarrolla. 

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Algunas condicionantes actuales de la cultura profesional del docente.

  • Los profesores tienen fuertes competidores, no son los únicos depositarios del saber.

Los medios de comunicación, las bases de datos, los discos compactos e internet almacenan un caudal de conocimientos más amplio, más elaborado y mejor presentado que el que tiene el profesor(a). Este hecho desmitifica la figura del profesor(a) y condiciona la tarea que debe realizar en la escuela. El docente no es la única fuente de conocimiento ni la más fidedigna. Además, la forma activa, apoyada en las nuevas tecnologías, que presentan algunos programas, contrasta con la crítica situación que enfrenta el profesorado en un aula masificada.

  • Los valores al alza en la sociedad no son los de índole cultural, intelectual, crítico, reflexivo, sino los que tienen que ver con el pragmatismo, el éxito, el dinero, el prestigio y el poder.

Los modelos de conducta por imitar que se promueven a través de los medios masivos de comunicación distan mucho del trabajo arduo, cotidiano, perseverante, disciplinado del que estudia y se cuestiona sobre el valor ético de la realidad y no sólo sobre el valor material y económico de las cosas.

  •  La escuela actual ya no puede garantizar un trabajo seguro, socialmente bien valorado y con una alta remuneración, las cosas han cambiado.

Existen modos rápidos, eficaces y fáciles de acceder al dinero y a la fama que están alejados de la paciente labor del estudio. El constante bombardeo en los medios sobre personajes (banqueros, narcotraficantes, políticos) que han amasado cuantiosas fortunas casi por arte de magia -al cabo que el fin justifica los medios-, se contrapone con los modelos de vida que la escuela, con tan poco éxito, intenta promover entre el alumnado.

  • Los alumnos(as) traen a la escuela un cúmulo de saberes muy amplio y diversificado. Sin embargo, la información que tienen es caótica, manipulada por intereses comerciales, contradictoria, fragmentaria y poco rigurosa.

La tarea primordial de la escuela, y por ende la del profesorado, ya no consiste en proporcionar al alumnado un bagaje más amplio de conocimientos -lo que no significa que se deba descuidar el contenido escolar, sólo que ahora importa más la calidad que la cantidad-, sino dotarlo de los principios, métodos, estrategias y fundamentos para discriminar la información que recibe, someterla al análisis y rigor científicos y aplicarle criterios de empleo al servicio de la ética.

  •  La actitud de las personas por conseguir sus metas de forma rápida y con el mínimo esfuerzo, pone en entredicho el modo lento y laborioso de acceder al conocimiento.

Los estudiantes cuyos sentidos están embotados (pues viven en la era de la imagen, el sonido y el color), perciben la enseñanza como monótona y poco atractiva; quizá desconocen que aburrirse también forma parte de la condición humana y que una clase muy technicolor no necesariamente significa una buena clase.



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